Pongamos que hablo de Roma

Pongamos que hablo de RomaEsa ciudad donde todo es posible, esa ciudad en la que aparece la magia cuando se apagan las luces, cuando la noche asfixia al sol y se filtra por todas sus callejuelas. Si tuviera que elegir mi rincón favorito de Roma, elegiría sus plazas de madrugada. La luna, tramposa, ilumina las esquinas d’ogni piazza como si fuera la única en el mundo.

Sono innamorata delle scale della Piazza Spagna, capaces de albergar desde agotados turistas a grupos de amigos deseosos de charlar.

Sono innamorata del Giardino degli Aranci, de sus miradores, de las naranjas esparcidas por la arena e incluso de aquellas palomas que vuelan tan bajo.

Sono innamorata della Fontana di Trevi, que acoge en sus aguas los deseos de los forasteros que anhelan volver

Y lo harán, porque Roma es eterna

Sono innamorata del Trastevere, de su atmósfera decadente y viva al mismo tiempo, de sus fachadas descoloridas y desconchadas, de sus calles pedregosas atestadas de juventud, de sueños, de esperanza.

Sono innamorata della pasta, dei tonnarelli cacio e pepe, della pizza quatro formaggi e del gelato di fior di late.

Anche del vino italiano, mi piace tantissimo.

Sono innamorata delle caffetterie, del aroma a cappuccino, de las largas tardes consumidas con una taza de café entre las manos.

Sono innamorata della Via del Corso, de sus gentes trasteando frenéticamente de tienda en tienda, y también de Piazza Bologna, donde las risas de los jóvenes engalanan las noches romanas.

Sono innamorata del bullicio, del desorden, del caos que engendra cruzar una calle en Roma, cuyos semáforos son un ridículo adorno.

Y, entonces, sucede… Vives en Roma y te enamoras de ella, con la certeza de que es un amor eterno, imperecedero, que trasciende el tiempo y el espacio. Sabes que volverás, que nunca la dejarás atrás, que formará parte de tu pasado, tu presente y tu futuro… Y estará ahí para siempre, para ti.Pongamos que hablo de Roma

 

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