Inocencia

inocenciaLa inocencia es un vestido de algodón, blanco.

Con el aire de verano su tela regurgita, baila, y yo me dejo llevar hasta que las luces se apagan.

Es el vaho de tu primer beso, ese que apenas recuerdas.

Pero también es el beso salado y vehemente de la persona que te prometió volver y que nunca lo hizo, a pesar de que creíste que lo haría.

Eso es la inocencia.

Son los primeros pasos de un bebé que empieza a amar la vida, son sus torpes balbuceos, sus primeras palabras.

La risa de un anciano que, sentado en un banco del parque, mece a su nieta sobre sus rodillas mientras le lee un cuento.

La inocencia es comprarte un helado de chocolate justo el día que has decidido sacar del armario los pantalones amarillos. Y mancharte. Y que te dé igual.

Es cantar a pleno pulmón los grandes éxitos de los 2000 en un karaoke de mala muerte, a las 4 de la mañana, delante del tío que te gusta.

Deshojar una margarita sin formular una pregunta. Comerte sus pétalos.

Mirarte en el espejo sin complejos.

Me gusta esculpir sirenas hundiendo mis manos en la arena mojada, a pocos pasos de la orilla. Eso también es inocencia.

Es confiar en que mañana dejará de llover.

Pero lloverá, siempre llueve.

Y tú, ¿estás?

Bendita inocencia.

 

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