La poesía es mentira

birdman

Pensaba a menudo en la muerte, en si dolerá que se pare el corazón, a quién o quiénes dedicaría sus últimos resquicios de aliento. Qué habrá después, cómo será la cara de Dios. ¿Cómo es la eternidad? Ojalá no la borre la lluvia.

Poetas y poetisas, escritoras y escritores, todos ellos personas atormentadas y sensibles hasta la extenuación. Como ella, como cualquier ser frágil que agarra un bolígrafo y una libreta y se lanza a escribir.

La poesía te salva la vida o te condena para siempre. A ella la condenó, y ahora es prisionera de una insoportable belleza que solo toma forma en su cabeza. A veces en su corazón.

¿Existe el destino? Quizá el concepto del destino es una leyenda ancestral, cuentos de viejas, y la vida no es más que una sucesión de absurdas casualidades. Casualidades crueles y ridículas.

Adónde iba, de dónde venía, quién era. Dudaba hasta de su nombre, del color de sus ojos e incluso del de su pelo.

Sufría y sufre con la certeza de quien sabe que la felicidad es una estrella fugaz y, si no lo es, es que simplemente no es para ella. En cambio, la mentira es lenta y sibilina, silenciosa y degradante. La mentira es real, asquerosamente real. Por eso:

Quiero la verdad aunque llore

y me desangre,

quiero la verdad aunque me rompa

y luego  no encuentre mis pedazos.

Quiero la verdad aunque te vayas,

aunque te marches.

Pero quédate.

Duérmete a mi lado,

respírame en el cuello

y no me sueltes la mano.

Huye de la poesía.

Corre, corre lejos

y no mires atrás.

La poesía es mentira.

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