Inocencia

inocenciaLa inocencia es un vestido de algodón, blanco.

Con el aire de verano su tela regurgita, baila, y yo me dejo llevar hasta que las luces se apagan.

Es el vaho de tu primer beso, ese que apenas recuerdas.

Pero también es el beso salado y vehemente de la persona que te prometió volver y que nunca lo hizo, a pesar de que creíste que lo haría.

Eso es la inocencia.

Son los primeros pasos de un bebé que empieza a amar la vida, son sus torpes balbuceos, sus primeras palabras.

La risa de un anciano que, sentado en un banco del parque, mece a su nieta sobre sus rodillas mientras le lee un cuento.

La inocencia es comprarte un helado de chocolate justo el día que has decidido sacar del armario los pantalones amarillos. Y mancharte. Y que te dé igual.

Es cantar a pleno pulmón los grandes éxitos de los 2000 en un karaoke de mala muerte, a las 4 de la mañana, delante del tío que te gusta.

Deshojar una margarita sin formular una pregunta. Comerte sus pétalos.

Mirarte en el espejo sin complejos.

Me gusta esculpir sirenas hundiendo mis manos en la arena mojada, a pocos pasos de la orilla. Eso también es inocencia.

Es confiar en que mañana dejará de llover.

Pero lloverá, siempre llueve.

Y tú, ¿estás?

Bendita inocencia.

 

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Canto al Sol

Canto al solConozco el Sol. Su luz ha bañado mis cabellos, entretejiéndolos. Ha cegado mis ojos, me ha estrechado en su pecho.

Los días de invierno eran menos fríos contigo. He jugado con tu brillo irisado, besabas mis párpados con uno solo de tus rayos.

Tu calor me inunda, me envuelve.

Tu aliento misterioso me seduce, eriza cada vello de mi piel, me hace tuya.

Tu energía se fundía con la mía, brotaba por mis venas como el caudal de un río desbocado.

Acaricias mis pisadas, mi sombra baila con la tuya y ya no son dos, solo una.

Un amor tan puro, tan limpio, tan vital, tan espiritual, que las palabras solo sugieren, bosquejan, emulan.

Tu luz es etérea, mística, fugaz, sideral, ancestral.

Recuerdo tu calor, tu dulce vaho.

Casi como la nostalgia de una primavera tenaz, añoro el reflejo de las dalias en el agua.

Serendipia, instinto, pasión.

¿Dónde está Dios?

La Luna, con su batallón de estrellas arrogantes, eclipsa al Sol.

Hoy, el Sol murió.

Ciudad

Ciudad

Rosas rojas que el rocío desangra

Palabras vacías que el eco secuestra, acapara

Rostros sin nombre, bullicio atormentado y sin rumbo

Gritos afónicos que nadie escucha

Ansiedad, desasosiego, duda

Octubres apagados, diciembres desdibujados

Un niño escribe en el vaho de una ventana

Preguntas por una calle pero nada, son erratas

Un anciano sentado en el banco de un parque

Autobuses atestados de sujetos

Y predicados que han perdido su verbo

Masa sin entidad ni mismidad

Gris, uniforme, duplicada

CIUDAD