Guía completa para utilizar bien la tilde

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El uso frenético y a veces, por qué no admitirlo, desquiciado de las redes sociales está tambaleando los cimientos de los medios de comunicación tradicionales e incluso de nuestras propias vidas. Cada dos por tres comprobamos las notificaciones del móvil con la ilusión de recibir ese whatsApp de aquella persona especial, de contabilizar los likes de nuestro estado de Facebook y de fisgonear qué hay de nuevo en Instagram. Muchas personas consumen más tiempo frente a la pantalla de su smartphone que delante de una novela o del periódico y, objetivamente, este hecho está afectando gravemente a nuestra ortografía. En mi anterior post, Las 15 faltas de ortografía que no cometerás en 2016, te alertaba de los errores más comunes que he observado en las redes para que no cayeras en ellos. Ahora voy a abordar otro tema, el uso de la tilde, con el fin de resolver tus dudas sobre este signo ortográfico que en tantas ocasiones nos trae de cabeza. Sigue leyendo

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¡FELIZ 2016!

LoveActuallyCada 31 de diciembre no puedo evitar experimentar sentimientos contradictorios. La ilusión por dar la bienvenida al nuevo año se ve obligada a bailar con todas las personas que se quedaron en el camino y que no formarán parte de nuestro futuro, con todos los bellos instantes que se quedaron grabados para siempre en nuestro corazón y que ya nunca volverán. El tiempo nos recuerda, una vez más, que es inexorable, que no se detiene y que nadie es imprescindible, ni siquiera tú. Es casi imposible no hacer un balance de los 365 días ya consumidos y que no nos aceche el maldito “y si…”, machacándonos las entrañas. Y si no hubiera dicho aquello que dije, y si me hubiera comportado de otra manera, y si hubiera arriesgado más. Pues déjame que te diga que el resultado hubiera sido el mismo, o tal vez no, pero me gusta pensar que las cosas pasan por algo y que siempre que llueve acaba saliendo el sol.

Tienes 365 días para ser feliz, así, sin más

Tienes 365 días para enamorarte, para conocer a esa persona que de verdad te haga vibrar, para volver a ilusionarte, para besar

Tienes 365 días para emocionarte, sobre todo con los pequeños detalles, con los regalos que el día a día pone en tu vida y que a veces no ves

Tienes 365 días para disfrutar de tu familia, de tus amigos, de toda la gente que quieres y que tiñe de color tus días grises

Tienes 365 para sonreír y debes prometerme que lo harás todos y cada uno de los días, porque un día sin tu sonrisa es un día sin luz

Tienes 365 para pasarte las noches bailando con tus amigos, para cantar en la ducha a pleno pulmón y para dar saltos en la calle como si no hubiera nada más importante en el mundo

Tienes 365 días para leer nuevas novelas, para descubrir canciones que te acaricien el alma y para ver todas las películas que puedas

Tienes 365 días para ayudar a todo aquel que necesite un poco de ti, porque quizás mañana tú necesites de él

Tienes 365 días para olvidar todo aquello que te causó dolor este año, para seguir adelante asumiendo que a veces nos toca sufrir

Tienes 365 días para perdonar, para aceptar el pasado con todos sus borrones

Tienes 365 para reírte a carcajadas

Tienes 365 días para conocer a nuevas personas que aporten cosas positivas a tu vida

Tienes 365 días para seguir aprendiendo y creciendo, tanto a nivel intelectual como espiritual

Tienes 365 días para hacer lo que te dé la gana, incluso tienes derecho a tener un mal día

Tienes 365 días para VIVIR, para saborear el presente sin pensar en el futuro

¡FELIZ 2016!

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Las 15 faltas de ortografía que no cometerás en 2016

workspace-766045_1920Virginia Woolf, en una de sus obras más emblemáticas y representativas del feminismo, Un cuarto propio, afirmaba lo siguiente: “Escribir lo que uno quiere escribir es lo único que importa, y que eso importe por siglos o por horas es lo de menos“. Desde luego, nadie podría negar que es una verdad irrefutable, pero en esta época en la que muchas personas leen más WhatsApps que novelas debería haber puntualizado: “Escribir (BIEN) lo que uno quiere escribir es lo único que importa”. Y es que parece que estamos olvidando que la Lengua es una herramienta muy valiosa para comunicarnos, y escribir tal y como dictan sus normas debería ser para todos una obligación. En Facebook hay una fan page bautizada Grammar Nazi en la que se reivindica el buen uso de la Lengua y se critican las faltas de ortografía cometidas en las redes sociales. En este post te voy a alertar de 15 errores gramaticales bastante comunes para que no caigas en ellos en 2016. ¡Vamos a ello! Sigue leyendo

No estábamos destinados a ser

el-tiempo-entre-costuras-antena-3-sira-quirogaTe estuve esperando toda mi vida y, al final, apareciste. Esta podría ser la primera frase de cualquier novela, pero en cambio lo es de nuestra historia. O, mejor dicho, lo era. Pensaba que nunca te irías o al menos yo soñaba con ello, pero resultó ser un espejismo, una absurda e infantil quimera. Casi desde el principio nuestros caminos discurrían por separado, como dos ríos que se afanan en abrazar sus caudales. Nosotros lo conseguimos, pero los dos sabíamos que esa gloria no sería eterna, que la palabra siempre no existía para nosotros. Fantaseamos con el futuro, e incluso llegamos a creer que nuestros sueños se harían realidad, como en los cuentos. Qué equivocados estábamos. Quizá ni siquiera estábamos equivocados, porque incluso cuando nos sentíamos borrachos de felicidad subyacía un poso de tristeza que inevitablemente lo enturbiaba todo. Tal vez en el fondo de mí sabía que estábamos condenados a la fugacidad, que el tiempo corría en nuestra contra y que cada segundo era un regalo. La realidad era una losa demasiado pesada para mí, demasiado certera como para ignorar su existencia. Y, finalmente, sucedió lo que tanto temía, nuestro tiempo se acabó y tocaba separarnos. Era el siguiente paso, el último capítulo de nuestra historia. No sé si te odio, si me resultas indiferente, si me causas dolor o alegría por todos los momentos vividos a tu lado. Lo único que le pido a la vida es comprender por qué tú y yo no estábamos destinados a ser, y algo dentro de mí me dice que tarde o temprano averiguaré la respuesta al enigma.

Las 17 figuras retóricas que debes conocer

Si has llegado hasta aquí es porque te gusta escribir o, en su defecto, porque disfrutas leyendo y quieres desgranar todos los secretos que nuestra lengua esconde. Como decía Paul Auster en Brooklyng Follies: “Leer era mi válvula de escape, mi estimulante y mi consuelo: leer por puro placer, por la hermosa quietud que te envuelve cuando resuenan en la cabeza las palabras de un autor”. Uno de los recursos de los que se valen los escritores y poetas para que resuenen en nuestra mente y en nuestra alma sus palabras son las figuras retóricas, también denominadas figuras literarias. Lo primero que quiero que comprendas es que cualquier texto posee significado, que es su interpretación literal, y sentido, que es lo que realmente quiere decir. Conocer las figuras retóricas te ayudará a descifrar el verdadero sentido de un texto y a no quedarte en la superficie. Sigue leyendo

Invierno sin ti

Invierno sin ti

El invierno se acerca con paso tembloroso y ya no tengo tu mano para que me sostengas, para que me empujes a avanzar. No, no necesito a nadie que mueva mis hilos como si fuera una marioneta, pero me gustaba tener un compañero de vida, alguien que caminara a mi lado y fuera mi confidente, mi amigo, mi amor. ¿Te acuerdas de aquel día que fuimos a pasar la tarde a la sierra y perdimos el autobús de vuelta? Tuvimos que dormir al ras de las estrellas y todo el firmamento parecía nuestro. Hablamos de nuestros sueños, de nuestros miedos, de nuestros proyectos de futuro. Un futuro común, diseñado para los dos. Nos susurramos mil veces que nos queríamos y la luna nos guardó el secreto. Me dormí sobre tu regazo y tú te quitaste el abrigo para que yo no tuviera frío. Quizá contigo siempre sentí algo de frío, el frío que generan las pasiones efímeras y que hacen arder las entrañas. En mi interior sabía que no tendríamos esa casa tan grande con niños correteando por los pasillos y que tampoco nos casaríamos a la orilla del mar. Deseaba con todo mi corazón que sucediera, pero mi intuición me ponía la zancadilla a cada instante, me cortaba las alas y me obligaba a mirar de frente a la realidad. Por eso contigo siempre fui con pies de plomo y eso a ti te dolía.

Hoy me he despertado y ya no estabas a mi lado. Qué tonta, llevas meses sin estarlo, ya he perdido la cuenta. Tengo miedo de no volver a enamorarme, de no conectar tan espiritualmente con nadie como lo hacía contigo. Sin embargo, hoy sé que las buenas rachas no duran eternamente, pero las malas tampoco.

Historia de un beso

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El susurro de un tango a lo lejos. Yo me mezo, me acerco, te beso. He aguardado tanto tiempo este momento que tu beso es como los destellos de un sueño, fulgores de un mundo de fantasía. Mi estómago revolotea, burbujea, y un inquieto manojo de ilusiones me oprime el pecho y me impide respirar. Al principio es un beso furtivo, travieso, aventurero, que se lanza a explorar territorio desconocido. Parajes exóticos que me seducen y me embrujan como si de un elixir fantasmagórico se tratase. Tu lengua juega al escondite pero yo la encuentro, y no la dejo escapar nunca más. Y es entonces cuando tu lengua y la mía entran en guerra, una guerra en la que no existe la tregua, una guerra en la que ninguno queremos firmar la paz. Después vienen las caricias, una detrás de otra, y nuestros cuerpos bailan un sibilino vals hasta el amanecer.

Y, sin embargo, qué distinto fue nuestro último beso. Un beso que gritaba todas las palabras no dichas, todos los reproches, nuestros duelos más ocultos. Tal vez lo más amargo de todo es que ni siquiera fue un beso con sabor a despedida, sino que estaba disfrazado de punto seguido, cuando en realidad era el más crudo final. Quizá sea imposible recordar todos los besos que nos dimos pero, como con toda buena historia, juro recordar el primero y el último, el principio y el final.

El mar

El mar

Susurro, silabeo tu nombre en el silencio de la noche y las olas del mar lo escupen en partículas de eco. Ahora tu nombre suena extraño, distorsionado, estéreo, escéptico, distante, lejano. Tú te fuiste, pero el mar todavía esconde cada beso que nos dimos, cada caricia, cada sueño compartido. Nadamos en un océano de promesas imposibles, de palabras absurdas que hoy parecen impronunciables. El agua ha borrado tus huellas y tu chaqueta azul marino ya no está tendida en el sillón. Tus libros han desaparecido de la mesita de noche y tu taza de café no está sin fregar en la cocina. La cama es árida como un desierto y las sábanas, pulcras, están frías. Todas las noches le pregunto al mar si vas a volver y un torbellino de emociones secuestra mi cuerpo. Los resquicios de mi alma conocen la respuesta. Lágrimas ardientes escapan de mis ojos y corren a fundirse con el torrente oceánico. El mar guarda un poco de ti, de mí, de nosotros. Hoy no le preguntaré al mar si regresarás a mi lado. Hoy voy a preguntarle si seré capaz de olvidarte.

Siempre es solo un recuerdo

Siempre es solo un recuerdo

Tejería cada recuerdo con hilo de oro y lo trenzaría primorosamente en los albores de mi memoria para que nunca te vayas, para que te quedes siempre conmigo. Nos creímos eternos y olvidamos que la eternidad no es más que un instante, un parpadeo en la férrea dictadura del tiempo. Mi tiempo, tu tiempo, nuestro tiempo ya no existe.

Es el silbido impertinente en un vagón de tren, el poso en una taza de café, la nube de tristeza en la mirada de un niño. ¿Y si intentaras abrazar al Sol? Tú te quemas, pero el Sol se apaga. ¿Y si intentaras robar una estrella? Por mucho que volaras, no llegas. ¿Y si intentaras deshojar una margarita? Es fácil, no te costaría demasiado, pero después de llorar todos sus pétalos se esfumaría su belleza, y solo quedarías tú.

Deambulamos embaucados por el efecto balsámico de la palabra “siempre” y un día sus letras se desvanecen porque siempre es un momento, un segundo. Siempre es hoy, siempre es ahora, pero mañana no. Y, sin embargo, los recuerdos son mi patrimonio, mi insignia, mi historia, y lo serán siempre… O, al menos, lo serán hoy.

Pongamos que hablo de Roma

Pongamos que hablo de RomaEsa ciudad donde todo es posible, esa ciudad en la que aparece la magia cuando se apagan las luces, cuando la noche asfixia al sol y se filtra por todas sus callejuelas. Si tuviera que elegir mi rincón favorito de Roma, elegiría sus plazas de madrugada. La luna, tramposa, ilumina las esquinas d’ogni piazza como si fuera la única en el mundo.

Sono innamorata delle scale della Piazza Spagna, capaces de albergar desde agotados turistas a grupos de amigos deseosos de charlar.

Sono innamorata del Giardino degli Aranci, de sus miradores, de las naranjas esparcidas por la arena e incluso de aquellas palomas que vuelan tan bajo.

Sono innamorata della Fontana di Trevi, que acoge en sus aguas los deseos de los forasteros que anhelan volver

Y lo harán, porque Roma es eterna

Sono innamorata del Trastevere, de su atmósfera decadente y viva al mismo tiempo, de sus fachadas descoloridas y desconchadas, de sus calles pedregosas atestadas de juventud, de sueños, de esperanza.

Sono innamorata della pasta, dei tonnarelli cacio e pepe, della pizza quatro formaggi e del gelato di fior di late.

Anche del vino italiano, mi piace tantissimo.

Sono innamorata delle caffetterie, del aroma a cappuccino, de las largas tardes consumidas con una taza de café entre las manos.

Sono innamorata della Via del Corso, de sus gentes trasteando frenéticamente de tienda en tienda, y también de Piazza Bologna, donde las risas de los jóvenes engalanan las noches romanas.

Sono innamorata del bullicio, del desorden, del caos que engendra cruzar una calle en Roma, cuyos semáforos son un ridículo adorno.

Y, entonces, sucede… Vives en Roma y te enamoras de ella, con la certeza de que es un amor eterno, imperecedero, que trasciende el tiempo y el espacio. Sabes que volverás, que nunca la dejarás atrás, que formará parte de tu pasado, tu presente y tu futuro… Y estará ahí para siempre, para ti.Pongamos que hablo de Roma