Baile de máscaras

Baile de máscarasEl aliento de las dalias soplaba como una ardiente ilusión en aquella fría noche de verano. El polvo de las estrellas arañaba el somnoliento cielo, vestido tan solo con un tímido cuarto menguante. La luna había perdido su mitad. Las hojas del naranjo tiritaban mecidas por el viento, siempre tirano.

El agua susurra, murmura una melodía incomprensible para ella. Los árboles, traviesos, parecen arreboles y, en un juego de sombras, ocultan y disfrazan el camino. Es un sueño, un sutil baile de máscaras. Se oye música a lo lejos. ¿Bailará la luna?

Casi hipnotizada, sus delicados pies la dirigían hasta un claro de bosque. El suelo, desnudo, bebía con candor sus saladas y amargas lágrimas. Como impulsada por un resorte o, tal vez, por una pasión encarcelada que ansiaba gritar en libertad, comenzó a girar una y otra vez alrededor de una marchita flor.

Una hermosa mariposa blanca se posó sobre su nariz durante aquella danza macabra. Se detuvo un instante y la observó con mimo. Pronto iba a amanecer.

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