Septiembre te inspira

Septiembre te inspira

-Me has encontrado.

-No ha sido muy difícil. Siempre estás aquí.

-Pensé que hoy no vendrías. Está lloviendo y tú odias la lluvia.

-Tú también la odias y, sin embargo, has venido.

Sara cierra la libreta. Las gotas de lluvia emborronan la historia que estaba escribiendo hasta que llegó Ismael. Ahora esa historia no es más que papel mojado, un reflejo de su propia vida.

Ismael y Sara son hermanos. Sara se encuentra sumida en una asfixiante depresión desde que su novio la abandonara hacía ya un año, cuando ella le confesó que estaba embarazada. La ilusión y la plenitud embargaron a Sara cuando descubrió que iba a tener un bebé. Concebir un hijo con el amor de tu vida solo puede causarte felicidad. Sin embargo, Saúl no opinaba igual que ella. Eran demasiado jóvenes y un hijo les estropearía la vida, frenaría sus ambiciones de futuro, estancaría sus ansias de crecimiento. Así que agarró la puerta y se largó, huyendo de una vida que él no había planeado y de la que no quería ser rehén.

Sara pasaba los días llorando. No comía, no dormía. Incluso perdió su trabajo. La desolación terminó por ahogar también a su pequeño, exhausto de nadar en un mar de lágrimas. Y desde entonces su única ocupación era bajar al parque de enfrente de casa a escribir. Escrutaba los rostros de la gente con la que se topaba e imaginaba cómo serían sus vidas. Inventaba historias que nadie leía. Muchos días no era consciente de la noción del tiempo y era Ismael quien bajaba al parque para disuadirla de que volviera a casa, que ya hacía frío y era tarde.

Ismael sabía que Sara detestaba el otoño. Mirar el cielo y contemplarlo asediado de nubarrones la deprimía, como casi todo. Los charcos en la arena, las hojas caídas de los árboles atosigando el suelo.

-¿Sabes?- Dice Ismael- El otoño no está tan mal. Has escrito más relatos en un mes que durante todo el verano. Septiembre te inspira.

-¿Y qué más da que septiembre me inspire si nadie lee lo que escribo? No son más que un puñado de chorradas de una chiquilla perdida.

-Deberías confiar más en ti. ¿Por qué no publicas todo ese puñado de chorradas? Puede que a la gente le interesen. A mí me interesan. Deja que el mundo te sorprenda por una vez en tu vida.

Sara mira a su hermano y esboza una sonrisa temblorosa. Ha parado de llover. Sara abre de nuevo la libreta y palpa las hojas. Al fin y al cabo no están tan mojadas.

-Ismael, dile a mamá que ahora subo. Quiero acabar esta historia. Mi error radica en que nunca escribo el final de mis historias.

-Escribe el final de la historia. No hay nada más urgente ahora mismo.

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